{"id":34420,"date":"2025-02-10T15:34:40","date_gmt":"2025-02-10T20:34:40","guid":{"rendered":"https:\/\/arquidiocesisdebucaramanga.com\/?p=34420"},"modified":"2025-02-10T15:36:37","modified_gmt":"2025-02-10T20:36:37","slug":"mensaje-del-santo-padre-francisco-con-ocasion-de-la-xxxiii-jornada-mundial-del-enfermo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arquidiocesisdebucaramanga.com\/?p=34420","title":{"rendered":"MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO CON OCASI\u00d3N DE LA XXXIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO"},"content":{"rendered":"<div class=\"abstract text parbase vaticanrichtext\">\n<p>\u201cLa esperanza no defrauda (Rom 5,5) y nos hace fuertes en la tribulaci\u00f3n\u201d\u00a0es el t\u00edtulo del\u00a0Mensaje del Papa Francisco\u00a0para la XXXIII Jornada Mundial del Enfermo, publicado el 27 de enero en el Bolet\u00edn de la Oficina de Prensa de la Santa Sede.<\/p>\n<p>La Jornada Mundial del Enfermo se celebra cada 11 de febrero, en la memoria lit\u00fargica de la Virgen de Lourdes. Cada tres a\u00f1os, la celebraci\u00f3n de la jornada tiene lugar de forma solemne en un santuario mariano. Con motivo del Jubileo de 2025, el Papa Francisco dispuso que la celebraci\u00f3n, que deb\u00eda celebrarse este a\u00f1o, tenga lugar el 11 de febrero de 2026 en el santuario mariano de la <i>Virgen de Chapi<\/i>, en Arequipa, Per\u00fa.<\/p>\n<p>En el A\u00f1o Jubilar 2025, en el que la Iglesia nos invita a convertirnos en \u00abperegrinos de la esperanza\u00bb, para celebrar la Jornada Mundial dedicada a los enfermos, el Santo Padre eligi\u00f3 un pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos, en la que el ap\u00f3stol infunde aliento a la comunidad cristiana de Roma.<\/p>\n<p>La esperanza, pues, mensaje central del Jubileo, concreta la invitaci\u00f3n y, al mismo tiempo, expresa los buenos deseos del Papa para todos los que sufren y los que cuidan de los enfermos. Una esperanza que, como observa el Santo Padre, nos mantiene firmes en las dificultades y ofrece alimento a la virtud de la fortaleza y que, al igual que la esperanza, es un\u00a0don de Dios.<\/p>\n<p>Precisamente el don es uno de los aspectos a trav\u00e9s de los cuales se manifiesta la presencia de Dios en nuestra vida. \u00abEs en el sufrimiento, de hecho, como leemos en el Mensaje, donde nos damos cuenta de que\u00a0toda esperanza viene del Se\u00f1or, y que por eso es, ante todo un don que hemos de acoger y cultivar, permaneciendo &#8216;fieles a la fidelidad de Dios\u2019\u00bb (<i>Una luz en la noche<\/i>, 2024).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b><i><span class=\"title-1-color\">MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO<br \/>\nCON OCASI\u00d3N DE LA XXXIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO<\/span><\/i><\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span class=\"color-text\">11 de febrero de 2025<\/span><\/p>\n<div class=\"clearfix\" style=\"text-align: center;\"><\/div>\n<\/div>\n<div class=\"text parbase vaticanrichtext\">\n<p style=\"text-align: center;\"><b><i>\u00abLa esperanza no defrauda\u00bb\u00a0<\/i>(<i>Rm<\/i>\u00a05,5)<br \/>\n<i>y nos hace fuertes en la tribulaci\u00f3n<\/i><\/b><\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p>Celebramos la XXXIII Jornada Mundial del Enfermo en el A\u00f1o Jubilar 2025, en el que la Iglesia nos invita a hacernos \u201cperegrinos de esperanza\u201d. En esto nos acompa\u00f1a la Palabra de Dios que, por medio de san Pablo, nos da un gran mensaje de aliento: \u00abLa esperanza no defrauda\u00bb (<i>Rm<\/i>\u00a05,5), es m\u00e1s, nos hace fuertes en la tribulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Son expresiones consoladoras, pero que pueden suscitar algunos interrogantes, especialmente en los que sufren. Por ejemplo: \u00bfc\u00f3mo permanecer fuertes, cuando sufrimos en carne propia enfermedades graves, invalidantes, que quiz\u00e1s requieren tratamientos cuyos costos van m\u00e1s all\u00e1 de nuestras posibilidades? \u00bfC\u00f3mo hacerlo cuando, adem\u00e1s de nuestro sufrimiento, vemos sufrir a quienes nos quieren y que, aun estando a nuestro lado, se sienten impotentes por no poder ayudarnos? En todas estas situaciones sentimos la necesidad de un apoyo superior a nosotros: necesitamos la ayuda de Dios, de su gracia, de su Providencia, de esa fuerza que es don de su Esp\u00edritu (cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/index_sp.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica<\/a><\/i>, 1808).<\/p>\n<p>Deteng\u00e1monos pues un momento a reflexionar sobre la presencia de Dios que permanece cerca de quien sufre, en particular bajo tres aspectos que la caracterizan: el\u00a0<i>encuentro<\/i>, el\u00a0<i>don<\/i>\u00a0y el\u00a0<i>compartir<\/i>.<\/p>\n<p>1. El\u00a0<i>encuentro<\/i>. Jes\u00fas, cuando envi\u00f3 en misi\u00f3n a los setenta y dos disc\u00edpulos (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a010,1-9), los exhort\u00f3 a decir a los enfermos: \u00abEl Reino de Dios est\u00e1 cerca de ustedes\u00bb (v. 9). Les pidi\u00f3 concretamente ayudarles a comprender que tambi\u00e9n la enfermedad, aun cuando sea dolorosa y dif\u00edcil de entender, es una oportunidad de encuentro con el Se\u00f1or. En el tiempo de la enfermedad, en efecto, si por una parte experimentamos toda nuestra fragilidad como criaturas \u2014f\u00edsica, psicol\u00f3gica y espiritual\u2014, por otra parte, sentimos la cercan\u00eda y la compasi\u00f3n de Dios, que en Jes\u00fas ha compartido nuestros sufrimientos. \u00c9l no nos abandona y muchas veces nos sorprende con el don de una determinaci\u00f3n que nunca hubi\u00e9ramos pensado tener, y que jam\u00e1s hubi\u00e9ramos hallado por nosotros mismos.<\/p>\n<p>La enfermedad entonces se convierte en ocasi\u00f3n de un encuentro que nos transforma; en el hallazgo de una roca inquebrantable a la que podemos aferrarnos para afrontar las tempestades de la vida; una experiencia que, incluso en el sacrificio, nos vuelve m\u00e1s fuertes, porque nos hace m\u00e1s conscientes de que no estamos solos. Por eso se dice que el dolor lleva siempre consigo un misterio de salvaci\u00f3n, porque hace experimentar el consuelo que viene de Dios de forma cercana y real, hasta \u00abconocer la plenitud del Evangelio con todas sus promesas y su vida\u00bb (<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">S. Juan Pablo II,<\/a>\u00a0<i>Discurso a los j\u00f3venes<\/i>, Nueva Orleans, 12 septiembre 1987).<\/p>\n<p>2. Y esto nos conduce al segundo punto de reflexi\u00f3n: el\u00a0<i>don<\/i>. Ciertamente, nunca como en el sufrimiento nos damos cuenta de que toda esperanza viene del Se\u00f1or, y que por eso es, ante todo, un don que hemos de acoger y cultivar, permaneciendo \u201cfieles a la fidelidad de Dios\u201d, seg\u00fan la hermosa expresi\u00f3n de Madeleine Delbr\u00eal (cf.\u00a0<i>La speranza \u00e8 una luce nella notte<\/i>, Ciudad del Vaticano 2024, Prefacio).<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, s\u00f3lo en la resurrecci\u00f3n de Cristo nuestros destinos encuentran su lugar en el horizonte infinito de la eternidad. S\u00f3lo de su Pascua nos viene la certeza de que nada, \u00abni la muerte ni la vida, ni los \u00e1ngeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podr\u00e1 separarnos jam\u00e1s del amor de Dios\u00bb (<i>Rm<\/i>\u00a08,38-39). Y de esta \u201cgran esperanza\u201d deriva cualquier otro rayo de luz que nos permite superar las pruebas y los obst\u00e1culos de la vida (cf.\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Benedicto XVI<\/a>,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/benedict-xvi\/es\/encyclicals\/documents\/hf_ben-xvi_enc_20071130_spe-salvi.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Carta enc.\u00a0<i>Spe salvi<\/i><\/a>, 27.31). No s\u00f3lo eso, sino que el Resucitado tambi\u00e9n camina con nosotros, haci\u00e9ndose nuestro compa\u00f1ero de viaje, como con los disc\u00edpulos de Ema\u00fas (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a024,13-53). Como ellos, tambi\u00e9n nosotros podemos compartir con \u00c9l nuestro desconcierto, nuestras preocupaciones y nuestras desilusiones, podemos escuchar su Palabra que nos ilumina y hace arder nuestro coraz\u00f3n, y nos permite reconocerlo presente en la fracci\u00f3n del Pan, vislumbrando en ese estar con nosotros, aun en los l\u00edmites del presente, ese \u201cm\u00e1s all\u00e1\u201d que al acercarse nos devuelve valent\u00eda y confianza.<\/p>\n<p>3. Y llegamos as\u00ed al tercer aspecto, el del\u00a0<i>compartir<\/i>. Los lugares donde se sufre son a menudo lugares de intercambio, de enriquecimiento mutuo. \u00a1Cu\u00e1ntas veces, junto al lecho de un enfermo, se aprende a esperar! \u00a1Cu\u00e1ntas veces, estando cerca de quien sufre, se aprende a creer! \u00a1Cu\u00e1ntas veces, inclin\u00e1ndose ante el necesitado, se descubre el amor! Es decir, nos damos cuenta de que somos \u201c\u00e1ngeles\u201d de esperanza, mensajeros de Dios, los unos para los otros, todos juntos: enfermos, m\u00e9dicos, enfermeros, familiares, amigos, sacerdotes, religiosos y religiosas; y all\u00ed donde estemos: en la familia, en los dispensarios, en las residencias de ancianos, en los hospitales y en las cl\u00ednicas.<\/p>\n<p>Y es importante saber descubrir la belleza y la magnitud de estos encuentros de gracia y aprender a escribirlos en el alma para no olvidarlos; conservar en el coraz\u00f3n la sonrisa amable de un agente sanitario, la mirada agradecida y confiada de un paciente, el rostro comprensivo y atento de un m\u00e9dico o de un voluntario, el semblante expectante e inquieto de un c\u00f3nyuge, de un hijo, de un nieto o de un amigo entra\u00f1able. Son todas luces que atesorar pues, aun en la oscuridad de la prueba, no s\u00f3lo dan fuerza, sino que ense\u00f1an el sabor verdadero de la vida, en el amor y la proximidad (cf.\u00a0<i>Lc<\/i>\u00a010,25-37).<\/p>\n<p>Queridos enfermos, queridos hermanos y hermanas que asisten a los que sufren, en este\u00a0<i>Jubileo\u00a0<\/i>ustedes tienen m\u00e1s que nunca un rol especial. Su caminar juntos, en efecto, es un signo para todos, \u00abun himno a la dignidad humana, un canto de esperanza\u00bb (<a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/bulls\/documents\/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Bula\u00a0<i>Spes non confundit<\/i>,<\/a>\u00a011), cuya voz va mucho m\u00e1s all\u00e1 de las habitaciones y las camas de los sanatorios donde se encuentren, estimulando y animando en la caridad \u201cel concierto de toda la sociedad\u201d (cf.\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.vatican.va\/content\/francesco\/es\/bulls\/documents\/20240509_spes-non-confundit_bolla-giubileo2025.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">ib\u00edd<\/a><\/i>.), en una armon\u00eda a veces dif\u00edcil de realizar, pero precisamente por eso, muy dulce y fuerte, capaz de llevar luz y calor all\u00ed donde m\u00e1s se necesita.<\/p>\n<p>Toda la Iglesia les est\u00e1 agradecida. Tambi\u00e9n yo lo estoy y rezo por ustedes encomend\u00e1ndolos a Mar\u00eda, Salud de los enfermos, por medio de las palabras con las que tantos hermanos y hermanas se han dirigido a ella en las dificultades:<\/p>\n<p>Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios;<br \/>\nno deseches las s\u00faplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,<br \/>\nantes bien, l\u00edbranos de todo peligro,<br \/>\n\u00a1oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!<\/p>\n<p>Los bendigo, junto con sus familias y dem\u00e1s seres queridos, y les pido, por favor, que no se olviden de rezar por m\u00ed.<\/p>\n<p><i>Roma, San Juan de Letr\u00e1n, 14 de enero de 2025<\/i><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u201cLa esperanza no defrauda (Rom 5,5) y nos hace fuertes en la tribulaci\u00f3n\u201d\u00a0es el t\u00edtulo del\u00a0Mensaje del Papa Francisco\u00a0para la XXXIII Jornada Mundial del Enfermo, publicado el 27 de enero en el Bolet\u00edn de la Oficina de Prensa de la Santa Sede. 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