La Arquidiócesis de Bucaramanga celebró este domingo la Eucaristía del XXIII Domingo del Tiempo Ordinario con un marcado acento de esperanza y compromiso cristiano. La celebración estuvo presidida por Monseñor Ismael Rueda Sierra, Arzobispo de Bucaramanga, en la Catedral de la Sagrada Familia, y se vivió en un contexto especial: la canonización de los jóvenes Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati, la apertura de la 38ª Semana por la Paz en Colombia y la entronización de la reliquia de primer grado de San Carlo Acutis.
Canonización de dos jóvenes santos
Durante la homilía, Monseñor Rueda destacó la alegría de la Iglesia universal por la canonización de Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati, realizada en la mañana por el Papa León. Subrayó cómo sus vidas, en épocas diferentes, se convirtieron en testimonios concretos de santidad juvenil:
Carlo Acutis, un adolescente que falleció a los 15 años, se distinguió por su amor a la Eucaristía, su sensibilidad hacia los pobres y su capacidad de evangelizar a través de los medios digitales.
Pier Giorgio Frassati, joven italiano de principios del siglo XX, mostró una profunda fe a través de su servicio a los más necesitados y su compromiso social, siendo hoy referente para la juventud del mundo.
La Arquidiócesis de Bucaramanga, recordó el Arzobispo, ya había declarado a Carlo Acutis como patrono de la pastoral juvenil y de la juventud arquidiocesana. En la celebración se presentó solemnemente su reliquia de primer grado: un cabello del joven santo, recibido en Roma durante la visita ad limina del 2023.
Semana por la Paz: un llamado al compromiso
En su mensaje, Monseñor Rueda también destacó la importancia de la 38ª Semana por la Paz, una iniciativa nacida en la Iglesia Católica y celebrada en torno a la memoria de San Pedro Claver, patrono de los derechos humanos.
Con un lenguaje cercano, invitó a los fieles a trabajar por la paz como un don mesiánico y un deber moral:
“La paz que Cristo nos da no es como la del mundo. Es un camino de esperanza, de reconciliación, de fraternidad y de respeto por la dignidad humana”, señaló el Arzobispo.
Este año, el signo central es la “colcha de retazos”, símbolo de la unidad en la diversidad, donde cada persona aporta lo que tiene para construir juntos un tejido de paz.
Sabiduría y santidad como caminos de vida
Comentando la Palabra de Dios, Monseñor Rueda recordó que la verdadera sabiduría proviene de Dios y que todo discípulo está llamado a ponerlo a Él por encima de bienes, afectos y responsabilidades. “Nada nos llevamos —dijo—, por eso todo ha de ponerse al servicio del bien común y de la gloria de Dios”.
La vida de los santos canonizados, afirmó, confirma que la santidad no es un ideal lejano, sino una posibilidad real para todo bautizado.
Una celebración significativa para la Iglesia local
La ceremonia contó con la concelebración de los presbíteros Enrique López Carrillo, director del Secretariado para el Servicio del Desarrollo Humano Integral; Neidder Alonso Pinilla Campos, delegado episcopal para la Pastoral Juvenil; Jorge Enrique Flórez García y José Andrés Gómez Caballero.
Al concluir, el Arzobispo confió a la intercesión de la Virgen María, Reina de la Paz, el camino de reconciliación de Colombia y la misión de los jóvenes que hoy cuentan con nuevos patronos y referentes en el seguimiento de Cristo.

