“La experiencia de Emaús debe ser experiencia de Jesús”: Homilía de Monseñor Ismael Rueda Sierra en la Peregrinación Jubilar

Puede ser una imagen de la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción y multitudDesde el Santuario Mariano Arquidiocesano Nuestra Señora de Guadalupe, la comunidad de la Experiencia Emaús vivió una jornada de fe, alegría y esperanza en el marco de la Peregrinación Jubilar. La Santa Eucaristía fue presidida por Monseñor Ismael Rueda Sierra, Arzobispo de Bucaramanga, quien dirigió un mensaje profundamente espiritual y a la vez actual, invitando a los fieles a renovar su camino de conversión, reconciliación y encuentro personal con Cristo.

Monseñor inició saludando a los sacerdotes concelebrantes, diáconos, peregrinos y a quienes seguían la celebración a través de los medios de comunicación. Destacó que este encuentro se vivía en un lugar privilegiado, “la Casa del Señor”, al inicio del tiempo de Adviento y en el ambiente propio del Año Jubilar, un tiempo que la Iglesia entiende como oportunidad de gracia, reconciliación y renovación espiritual.

Un Adviento que inaugura el camino del Jubileo

El Arzobispo recordó que con el Adviento “inicia un nuevo año para la Iglesia”, una invitación a comenzar un camino de esperanza bajo la luz del nacimiento de Cristo y, al mismo tiempo, a vivir intensamente la experiencia jubilar.

Señaló que este tiempo trae consigo un llamado a leer la Palabra con especial atención, particularmente al profeta Isaías, quien anuncia la subida al monte santo donde todos los pueblos son convocados a la unidad. Esta imagen —explicó— se relaciona profundamente con la peregrinación que los fieles estaban realizando: una subida simbólica hacia la casa de Dios para reencontrarse con la esperanza, la conversión y la paz.

Isaías y la actualidad del llamado a la paz

Monseñor Rueda Sierra se detuvo en una de las imágenes más poderosas del profeta: “De las espadas forjarán arados, y de las lanzas, podaderas”. Una invitación a transformar la violencia en instrumentos de vida y de cultivo.

Afirmó que este mensaje es hoy más vigente que nunca, en un mundo marcado por conflictos, amenazas y creciente armamentismo. En sintonía con lo expresado recientemente por el Papa León XIV, resaltó la necesidad de “una paz desarmada y desarmante”, fundada en el diálogo, los puentes y el encuentro entre los pueblos.

“Hoy estamos invitados a actualizar este mensaje y a asumir las verdaderas armas del Evangelio: la paz, la reconciliación y la alegría”, expresó.

“¡Qué alegría cuando me dijeron!”: la fe que se transmite caminando

Al reflexionar sobre el salmo responsorial, Monseñor evocó las palabras del peregrino que sube a Jerusalén: “¡Qué alegría cuando me dijeron: vamos a la casa del Señor!”.

Dijo que esta expresión refleja el espíritu de quienes participan en la experiencia Emaús, “una peregrinación de la fe” que se vive con entusiasmo y esperanza. Invitó a los fieles a continuar transmitiendo esta alegría a los niños, jóvenes y familias, como testimonio del valor de creer y de caminar juntos en el Señor.

San Pablo: dejar la oscuridad para encender la luz

Al comentar la carta a los Romanos, el Arzobispo llamó a “comportarnos de acuerdo con el tiempo que estamos viviendo”. En este inicio del año litúrgico, explicó, la Iglesia invita a dejar atrás la oscuridad para abrazar la luz de Cristo.

Las luces que adornan las ciudades en tiempo de Navidad —dijo— no son un simple adorno, sino un signo que recuerda que cada cristiano está llamado a encender la luz del Evangelio en su corazón para disipar la oscuridad interior y convertirse en antorcha que ilumina al mundo.

“El Jubileo —afirmó— nos invita a mirar el pasado con humildad, a presentarlo ante Dios para recibir su misericordia —como un verdadero ‘

Puede ser una imagen de una o varias personas y texto

borrón y cuenta nueva’—, a vivir el presente desde el encuentro con Jesús y a proyectarnos hacia el futuro con esperanza”.

Emaús: una experiencia que debe conducir a Jesús

Uno de los momentos centrales de la homilía fue la reflexión sobre el sentido profundo de la experiencia Emaús. Monseñor Rueda Sierra recordó que toda vivencia espiritual encuentra su centro en un único acontecimiento esencial: el encuentro con Cristo vivo.

“La experiencia de Emaús tiene que ser la experiencia de Jesús”, afirmó con claridad.
Ese encuentro personal, dijo, es el que permite al cristiano comprender su propia vida, organizar su proyecto, retomar las raíces del bautismo y caminar con firmeza hacia la segunda venida del Señor.

Llamado a la alegría que nace de un corazón reconciliado

Monseñor explicó que la verdadera alegría cristiana no es la que nace de la emoción momentánea, sino la que brota de un corazón reconciliado, que se ha encontrado con Jesús y vive guiado por Él. Esa alegría profunda —fruto del Espíritu Santo— debe irradiarse hacia los demás y acompañar cada circunstancia de la vida, tanto las buenas como las difíciles.

Vigilancia y preparación: la gran invitación del Adviento

Al iluminar el Evangelio, el Arzobispo recordó que Jesús invita a estar vigilantes ante la imprevisibilidad de la vida. Recordó el ejemplo de los tiempos de Noé, cuando muchos vivían distraídos, ajenos a Dios.

El Adviento —explicó— recuerda dos venidas: la del Niño Dios en la Navidad y la venida gloriosa de Cristo al final de los tiempos. Esta última se anticipa para cada persona en el momento de la muerte, por lo que el cristiano debe vivir siempre preparado, con serenidad y confianza.

María de Guadalupe: peregrina y madre de esperanza

Antes de concluir, Monseñor Rueda Sierra colocó la vida de los peregrinos en manos de la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América Latina. La presentó como “peregrina de esperanza”, siempre dispuesta a conducir a los creyentes al encuentro con Jesús.

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