Con la celebración de la Santa Eucaristía, monseñor Ismael Rueda Sierra, arzobispo de Bucaramanga, presidió el primer día de la Novena de Navidad 2025 desde la parroquia Nuestra Señora de la Consolata, dando apertura a este tiempo de preparación espiritual que invita a las familias y comunidades a disponerse con fe y esperanza para la celebración del nacimiento del Señor.
Al inicio de la celebración, el Arzobispo expresó su alegría por concelebrar junto a los sacerdotes de la Consolata y por compartir este momento significativo con la comunidad reunida, destacando de manera especial el aniversario 53 de ordenación sacerdotal del padre José Cirer, así como el reencuentro fraterno con varios presbíteros que han acompañado procesos pastorales en la Arquidiócesis.
Monseñor Rueda resaltó el valor de las tradicionales novenas celebradas en las primeras horas del día, una práctica profundamente arraigada en Santander y en esta región de Colombia, que congrega a las familias en torno a la Eucaristía y fortalece la vivencia comunitaria de la fe, como camino privilegiado para preparar el corazón al encuentro con Cristo en el misterio de su encarnación.
Adviento y esperanza cristiana
En su homilía, el Arzobispo recordó que el tiempo de Adviento es un tiempo de espera confiada y de esperanza, no solo de la primera venida del Señor en la Navidad, sino
también de su venida definitiva al final de los tiempos. En este sentido, invitó a los fieles a dejarse transformar por la Palabra de Dios, que orienta la vida, ilumina las decisiones y renueva la esperanza del pueblo creyente.
Al reflexionar sobre el mensaje del profeta Sofonías, monseñor Rueda destacó el anuncio de un “pueblo pequeño y humilde” que el Señor prepara para acoger al Mesías. Subrayó que esta expresión no debe entenderse en términos numéricos, sino como una actitud interior de sencillez, humildad y apertura al designio de Dios, capaz de convertirse en semilla de esperanza para todos los pueblos.
Asimismo, relacionó este mensaje con el llamado permanente de la Iglesia a ser una Iglesia cercana, humilde y solidaria, que camina con el pueblo y acompaña a la humanidad en la construcción de la fraternidad, la caridad y la paz.
Un llamado a la conversión personal y comunitaria
Al comentar el Evangelio de los dos hijos enviados a trabajar en la viña, el Arzobispo invitó a los fieles a examinar sus actitudes frente al llamado de Dios, recordando que la verdadera fe se expresa en obras concretas y en la coherencia entre lo que se dice y lo que se vive.
En este contexto, hizo un llamado especial a la conversión del corazón y de las relaciones, una tarea urgente para la Iglesia y para la sociedad actual, marcada por conflictos, polarizaciones y rupturas en la convivencia. Señaló que la conversión es un camino necesario para construir ambientes de diálogo, reconciliación y paz, comenzando desde la vida cotidiana, las familias y las comunidades.
Finalmente, monseñor Ismael Rueda encomendó este tiempo de la Novena de Navidad 2025 a la intercesión de la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de la Consolata, pidiendo que acompañe a los fieles en este camino de preparación, para vivir la Navidad con alegría, esperanza y un renovado compromiso cristiano.
