En la mañana del domingo 25 de enero, desde la Catedral Metropolitana de la Sagrada Familia, el arzobispo de Bucaramanga, monseñor Ismael Rueda Sierra, presidió la Eucaristía con motivo del VII Domingo de la Palabra de Dios, jornada instituida por el papa Francisco en 2019 como una herencia pastoral para la Iglesia universal, con el propósito de reafirmar la centralidad de la Sagrada Escritura en la vida, la misión y la espiritualidad del Pueblo de Dios.
Durante su homilía, el prelado recordó que la Iglesia, reunida cada domingo como familia de Dios, es convocada por el Señor a participar de la Mesa de la Palabra y la Mesa de la Eucaristía, dos dimensiones inseparables que constituyen el corazón de la celebración litúrgica. “Palabra y Sacramento integran totalmente esta acción principal y preciosa que es la Eucaristía”, subrayó, destacando que la Palabra de Dios es fundamento sólido de la fe cristiana.
A la luz de las lecturas proclamadas, monseñor Rueda explicó la unidad y coherencia de toda la Sagrada Escritura. El anuncio del profeta Isaías —la promesa de una gran luz para un pueblo que caminaba en tinieblas— encuentra su pleno cumplimiento en Jesucristo, la Palabra hecha carne, que se establece en Galilea para iniciar su ministerio público. En este sentido, el arzobispo afirmó que “Dios siempre cumple lo que promete” y que su Palabra “es verdadera, auténtica, sabia y realiza las promesas”, aun cuando estas se concreten según los tiempos y planes de Dios.
El pastor de la Iglesia arquidiocesana insistió en que hablar de la Palabra de Dios es hablar del mismo Cristo. Jesús no solo anuncia el Reino, sino que lo hace presente con gestos concretos de misericordia, sanando a los enfermos y acogiendo a quienes se acercan a Él. Por ello, la Palabra no puede quedarse en un plano teórico, sino que conduce necesariamente a la caridad, como expresión concreta del encuentro con el Señor.
En su reflexión, monseñor Rueda exhortó a los fieles a acercarse a la Sagrada Escritura de manera viva y constante, evitando que se convierta en un objeto meramente decorativo. Animó a la lectura orante de la Biblia, especialmente a través de la lectio divina, así como a la conversación espiritual propuesta en el camino sinodal, como medios para discernir la voluntad de Dios en medio de los desafíos actuales.
Al referirse a la carta de san Pablo a los Corintios, el arzobispo destacó la importancia de la unanimidad y la concordia para la construcción de la comunidad cristiana. Pensar y sentir en común, desde la escucha mutua y la invocación del Espíritu Santo, permite caminar juntos como una sola alma y un solo corazón, fortaleciendo la comunión en la Iglesia, la familia y la sociedad.
Finalmente, recordó que la Palabra de Dios debe habitar en la cabeza, el corazón y las manos, es decir, ser comprendida, amada y puesta en práctica. Encomendó este camino a la Santísima Virgen María, Madre de la Palabra hecha carne, para que la Iglesia continúe creciendo como comunidad que escucha, vive y anuncia el Evangelio.
