La vida consagrada, signo de esperanza y entrega en la Iglesia de Bucaramanga

En el marco de la fiesta de la Presentación del Señor, la Iglesia arquidiocesana de Bucaramanga celebró con especial solemnidad la Eucaristía del Día de la Vida Consagrada y la Apertura del Año Jubilar Franciscano, el lunes 2 de febrero, en la Parroquia San Francisco de Asís. La celebración fue presidida por Monseñor Ismael Rueda Sierra, Arzobispo de Bucaramanga, y reunió a comunidades religiosas, fieles laicos y agentes pastorales.

Durante su homilía, el Arzobispo destacó el profundo significado litúrgico y espiritual de esta fiesta, que recuerda la presentación del Niño Jesús en el templo, como expresión de obediencia y consagración total a Dios. A la luz de este misterio, Monseñor Rueda subrayó que la vida consagrada es un signo vivo de la entrega radical al Señor, una vocación que nace del encuentro con Cristo y se traduce en servicio humilde, oración constante y testimonio evangélico en medio del pueblo de Dios.

El Prelado expresó su gratitud a Dios por el don de la vida consagrada que, de manera silenciosa pero fecunda, sirve a la Iglesia particular de Bucaramanga en los distintos ámbitos de la pastoral, la educación, la caridad y la misión. Recordó que las personas consagradas, con su opción definitiva por Cristo, iluminan la vida de la Iglesia y ayudan a mantener viva la esperanza, especialmente en tiempos de dificultad e incertidumbre.

En comunión con toda la Iglesia universal, esta celebración se convirtió en una ocasión propicia para reconocer y valorar el testimonio de quienes han consagrado su vida al Señor, haciendo de su existencia una ofrenda permanente. Monseñor Rueda animó a los fieles a orar por las vocaciones y a acompañar con cercanía y gratitud a las comunidades religiosas presentes en la Arquidiócesis.

La Apertura del Año Jubilar Franciscano dio a la celebración un carácter especial, invitando a la comunidad eclesial a redescubrir el carisma de San Francisco de Asís: la sencillez, la fraternidad y el amor radical a Cristo pobre y crucificado. En este contexto, el Arzobispo exhortó a vivir este tiempo jubilar como una oportunidad de renovación espiritual, conversión y compromiso misionero.

La Eucaristía concluyó como una acción de gracias por la fidelidad de Dios y por la generosa respuesta de tantas personas que, desde la vida consagrada, continúan siendo luz para el mundo y testimonio del Reino de Dios en la Iglesia de Bucaramanga.

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