La Cuaresma: tiempo para volver a Dios y fortalecer la comunión

En la mañana del domingo 22 de febrero, desde la Catedral Metropolitana de la Sagrada Familia, el arzobispo de Bucaramanga, Ismael Rueda Sierra, presidió la santa eucaristía del I Domingo de Cuaresma, invitando a los fieles a asumir este tiempo litúrgico como una “peregrinación de fe, conversión y esperanza” orientada hacia la celebración pascual.

Una peregrinación hacia la Pascua

En su homilía, el prelado recordó que la Cuaresma inicia con el signo penitencial de la ceniza y se proyecta hacia el culmen del año litúrgico: la celebración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Subrayó que este itinerario espiritual no es un simple ejercicio exterior, sino un proceso consciente de escucha atenta de la Palabra de Dios, examen interior y fortalecimiento de la comunión con el Señor y con los hermanos.

“La liturgia nos conduce pedagógicamente hacia la Pascua”, afirmó, destacando que este tiempo permite reconocer la propia condición pecadora, pero también renovar la confianza en Cristo, quien ha vencido el pecado y la muerte.

La Cuaresma, tiempo de renovación bautismal

El arzobispo insistió en que la Cuaresma es, de manera particular, un tiempo de renovación del bautismo. Recordó la enseñanza de San Pablo sobre haber sido sumergidos en la muerte de Cristo para resucitar con Él como criaturas nuevas.

“El bautismo nos constituyó hijos de Dios por adopción”, señaló, invitando a redescubrir la grandeza de esta gracia y a vivir coherentemente el compromiso bautismal, muriendo al pecado para vivir en la vida nueva que ofrece el Señor.

El pecado original y la ruptura de la comunión

Al reflexionar sobre el relato del Génesis, explicó que el pecado de los primeros padres —representados en Adán y Eva— tuvo como raíz la desobediencia a la voluntad de Dios. Esa ruptura produjo consecuencias profundas: la pérdida de la comunión con el Padre, la fractura entre los hermanos, el desorden interior y la alteración de la armonía con la creación.

No obstante, recordó que donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia, retomando la enseñanza paulina de la Carta a los Romanos: el “nuevo Adán”, Jesucristo, ha restituido lo que se perdió por la desobediencia del primero, trayendo la salvación y la vida.

Las tentaciones de Jesús: claves para el discernimiento

Al comentar el Evangelio de las tentaciones en el desierto, el arzobispo explicó que los 40 días evocan tanto la peregrinación del pueblo de Israel como el tiempo cuaresmal actual. Destacó que el demonio busca apartar a Cristo de su misión redentora mediante tres tentaciones que siguen presentes en la vida humana.

La primera, convertir las piedras en pan, fue interpretada como la tentación de manipular el poder de Dios en beneficio propio. La segunda, lanzarse desde el pináculo del Templo, representa la temeridad y la falsa confianza que desprecia la prudencia. La tercera, la idolatría, invita a sustituir a Dios por falsos absolutos.

En este punto, el prelado advirtió sobre las “idolatrías contemporáneas”, mencionando de manera especial las adicciones —incluidas las relacionadas con el uso desordenado de internet y dispositivos móviles— que pueden desplazar a Dios del centro de la vida.

No dialogar con la tentación

Citando al Papa Francisco, recordó que Jesús venció siempre al tentador respondiendo con la Palabra de Dios. “No dialoguemos con el diablo, porque nos gana”, señaló, invitando a cortar de raíz la tentación mediante la oración, el ayuno, la limosna y la escucha constante de la Escritura.

Finalmente, encomendó el camino cuaresmal a la Santísima Virgen María, pidiendo su intercesión para permanecer firmes en la fe y avanzar con esperanza hacia la Pascua.

La celebración concluyó con el llamado a vivir este tiempo con autenticidad, aplicando las prácticas cuaresmales como verdaderos instrumentos de conversión y renovación interior.

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