Renovación de votos de los Nazarenos: una invitación a escuchar y seguir a Cristo

En la noche del Miércoles Santo, Ismael Rueda Sierra, administrador apostólico, presidió la Eucaristía en la parroquia Parroquia San Francisco Javier de Piedecuesta, en el marco de la consagración y renovación de votos de la Hermandad de Jesús Nazareno.

La celebración estuvo marcada por un profundo sentido espiritual y comunitario, en el que el prelado dirigió un mensaje cercano y reflexivo a los sacerdotes de la parroquia, a los miembros de la hermandad y a sus familias, a quienes reconoció como una “familia extensa” que, generación tras generación, ha sabido custodiar y transmitir la fe, especialmente a través de la devoción a Jesús Nazareno.

Una fe vivida en comunidad

Desde el inicio de su homilía, monseñor destacó el testimonio de unidad y fidelidad de la comunidad parroquial, resaltando su compromiso con el camino de la Iglesia en medio de los desafíos actuales. Subrayó además la importancia de ser una presencia viva del Señor en el mundo:

Debemos hacer presencia viva del Señor muerto y resucitado, para abrir puertas de esperanza para la Iglesia y para la humanidad”.

El arzobispo también expresó su gratitud por los años de servicio episcopal y por el acompañamiento del pueblo de Dios, reconociendo que la misión pastoral es siempre una tarea compartida.

Contemplar el rostro de Jesús Nazareno

Uno de los ejes centrales de la homilía fue la invitación a contemplar la imagen de Jesús Nazareno no solo como una representación artística, sino como un llamado a profundizar en el misterio del sufrimiento redentor de Cristo.

Inspirado en el cántico del Siervo de Yahvé, monseñor Rueda explicó cómo en ese rostro humillado y golpeado se revela el estilo de Dios: un camino de humildad, entrega y confianza absoluta en el Padre.

En ese sentido, animó a los fieles a asumir una espiritualidad que vaya más allá de lo devocional y se traduzca en una actitud permanente de vida:

“Mirar el rostro del Señor, escucharlo y seguirlo no puede ser solo para un tiempo, sino una actitud de todos los días”.

Escuchar para ser discípulos y misioneros

En sintonía con el camino pastoral de la Iglesia arquidiocesana, el prelado enfatizó la importancia de la escucha como punto de partida del discipulado cristiano. Recordó que antes de ser maestros o anunciadores, los creyentes están llamados a ser discípulos que escuchan al Señor.

Esta escucha —explicó— permite acoger la Palabra, interiorizarla y luego transmitirla en la vida cotidiana, especialmente en la familia, primer espacio de evangelización.

“¿Seré yo, Señor?”: una pregunta que interpela

Al meditar el Evangelio de la traición de Judas, monseñor invitó a los fieles a hacer propia la pregunta de los discípulos: “¿Seré yo, Señor?”. Una interrogante que, afirmó, atraviesa la historia y llama a cada creyente a examinar su vida con humildad.

En este contexto, destacó el dolor profundo de Cristo ante la traición y el pecado, recordando que Jesús cargó con el sufrimiento de toda la humanidad para redimirla.

La centralidad de la Eucaristía

La homilía también resaltó la Eucaristía como el lugar privilegiado del encuentro con Cristo. Monseñor insistió en la necesidad de vivir este sacramento con plena conciencia y disposición interior, como fuente de renovación espiritual.

“Es el encuentro por excelencia, el más profundo y real con el Señor”.

Asimismo, invitó a los miembros de la hermandad a revisar constantemente su camino de fe a la luz de este encuentro eucarístico, para que su espiritualidad se mantenga viva y coherente.

María, modelo de fidelidad

Finalmente, el prelado puso como ejemplo a la Virgen María, quien acompañó fielmente a su Hijo en el camino de la cruz. Señaló que su testimonio sigue siendo guía e inspiración para todos los creyentes, especialmente en los momentos de dolor y prueba.

Concluyó encomendando a la Hermandad de Jesús Nazareno y a sus familias a la intercesión de la Madre de Dios, pidiendo que continúen siendo testimonio vivo de fe, unidad y compromiso cristiano.

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