El pasado sábado 18 de abril, la Arquidiócesis de Bucaramanga vivió una jornada histórica con la posesión canónica de Monseñor Luis Augusto Campos Flórez como nuevo arzobispo metropolitano. La celebración reunió a obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas, comunidades religiosas, grupos apostólicos y numerosos fieles que acompañaron con fe este nuevo comienzo para la Iglesia particular de Bucaramanga.
En el centro de la Eucaristía estuvo la homilía del nuevo pastor, un mensaje profundamente espiritual, eclesial y misionero, marcado por una idea fundamental: la Iglesia nace de la Pascua de Cristo y solo será auténtica si vive desde ella.
Una Iglesia que nace de la Pascua
Monseñor Campos afirmó con claridad que toda la vida de la Iglesia brota del misterio pascual de Jesucristo: su pasión, muerte y resurrección. Sin la cruz, dijo, la Iglesia corre el riesgo de convertirse en un grupo encerrado en sí mismo, complacido en su propio discurso o paralizado por su pecado. Sin la resurrección, en cambio, se debilita por la desesperanza, se encierra en el miedo y pierde horizonte.
Por eso insistió en que la Iglesia está llamada a ser siempre una Iglesia pascual, renovada por Cristo y sostenida por la esperanza.
Primer rostro: una comunidad bendecida
Inspirado en la carta a los Efesios, presentó el primer rostro de la Iglesia: una comunidad elegida y bendecida por Dios. Recordó que el Señor llama, redime, perdona y marca con su Espíritu a su pueblo.
Aplicando esta Palabra a la realidad arquidiocesana, expresó que la Iglesia de Bucaramanga está conformada por hijos e hijas de Dios, redimidos por Cristo y alimentados por el Evangelio. Sin embargo, planteó una pregunta exigente: ¿somos conscientes de lo que somos como comunidad bendecida?
Advirtió también sobre el peligro de las “auto bendiciones”, cuando cada grupo o persona pretende apropiarse en exclusiva del Evangelio, olvidando que la Iglesia está llamada a vivir en comunión.
Segundo rostro: una comunidad navegante
Tomando el Evangelio de los discípulos en la barca, el nuevo arzobispo describió a la Iglesia como una comunidad que navega en medio de la oscuridad, los vientos contrarios y las aguas agitadas.
Reconoció que hoy existen dificultades externas como la violencia, la desesperanza, el anticlericalismo y la pérdida de referencias culturales. Pero también señaló desafíos internos: divisiones, incoherencias, luchas de poder, falta de transparencia y debilitamiento del ardor evangelizador.
Frente a ello, invitó a no navegar sin Cristo. Recordó que Jesús se acerca siempre a su Iglesia y repite: “Soy yo, no tengan miedo”.
Desde allí lanzó una fuerte llamada misionera: ir hacia nuevas orillas culturales, digitales, juveniles y sociales, donde muchas personas viven sin sentido, sin horizonte y sin conocer el amor de Dios.
Tercer rostro: una comunidad servidora y ministerial
A partir del libro de los Hechos de los Apóstoles, Monseñor Campos presentó una tercera imagen: la Iglesia servidora y ministerial.
Subrayó que nunca puede faltar en la comunidad cristiana:
- el cuidado de los más frágiles y vulnerables;
- la concordia entre todos;
- el ministerio de la oración y la Palabra;
- la administración de los bienes con criterio evangélico.
Para que eso sea posible, explicó, se requiere una Iglesia donde florezcan los carismas, ministerios y vocaciones; una Iglesia donde nadie acapare todo y donde crezca la corresponsabilidad de todos, especialmente de los laicos, también en las decisiones y en la misión.
Un programa pastoral para Bucaramanga
En la parte final de su predicación, el nuevo arzobispo sintetizó su visión pastoral para la Arquidiócesis de Bucaramanga:
- una arquidiócesis bendecida por el Padre en Cristo;
- una Iglesia fraterna, santa, libre y reconciliada;
- una comunidad que navega por los desafíos actuales con creatividad evangelizadora;
- una Iglesia ministerial, donde todos participen activamente.
Finalmente, encomendó esta nueva etapa a la protección de María Inmaculada y pidió fidelidad al llamado recibido del Señor.
Un inicio esperanzador
La homilía de Monseñor Luis Augusto Campos Flórez no solo acompañó litúrgicamente su posesión canónica; también dejó entrever las líneas maestras de su servicio episcopal: comunión, misión, participación, conversión pastoral y centralidad absoluta de Jesucristo.
Fue, en esencia, una invitación clara para que la Iglesia en Bucaramanga mire al futuro con esperanza, navegue con valentía y camine siempre con Cristo a bordo.
