Con profundo sentido espiritual y bajo el lema del Jubileo 2025 “Peregrinos de esperanza”, la comunidad parroquial de Nuestra Señora del Monte Carmelo celebró su fiesta patronal con una solemne Eucaristía presidida por Monseñor Ismael Rueda Sierra, Arzobispo de Bucaramanga.
Durante su homilía, Monseñor Rueda destacó la alegría de congregarse en torno a la Virgen María, quien “nos invita a subir con ella al Monte Santo para el encuentro con su Hijo, Jesucristo nuestro Señor”. En su reflexión, el Arzobispo invitó a los fieles a contemplar el profundo significado de esta festividad mariana, especialmente en su dimensión espiritual de encuentro con Dios y compromiso con la misión.
La celebración recordó el valor del monte en la tradición bíblica, en particular el monte Oreb o Carmelo, escenario del encuentro de Moisés y Elías con Dios. Monseñor resaltó que así como Moisés fue llamado en ese lugar sagrado para liberar a su pueblo, también nosotros estamos llamados a decir como él: “Aquí estoy, Señor”. Ese “aquí estoy”, dijo, “es una disposición total para cumplir la voluntad de Dios, incluso cuando la misión parece difícil”.
El Arzobispo trazó un hermoso paralelo entre Moisés y María. Así como el profeta respondió con generosidad al llamado divino, la Virgen también pronunció su propio “hágase en mí según tu palabra”, convirtiéndose en modelo de disponibilidad y fe. María, subiendo presurosa a la montaña para visitar a su prima Isabel, representa la prontitud con que los discípulos deben anunciar las maravillas de Dios.
En el marco de la liturgia, Monseñor profundizó también en el Evangelio del día, en el que Jesús alaba al Padre por revelar sus misterios a los sencillos. “Esta oración de Jesús nos hace pensar
inmediatamente en María”, explicó. “Ella encarna la humildad, la pequeñez, y es por eso que fue elegida para ser la Madre del Salvador”.
Al recordar la tradición del profeta Elías en el monte Carmelo, el pastor de la Iglesia local subrayó el papel de la oración en medio de las pruebas y la sequía espiritual del pueblo. En esa escena, la aparición de una pequeña nube fue señal de esperanza, fecundidad y respuesta de Dios a la súplica del justo. “De esa experiencia surge la advocación de Nuestra Señora del Carmen, como una señal del favor de Dios por la oración y la conversión del corazón”, expresó.
La homilía concluyó con una exhortación a la esperanza. “Vivimos tiempos difíciles —dijo— marcados por guerras, crisis, idolatrías modernas y distracciones. Pero el Señor nos llama, como a Elías, como a María, a perseverar, a subir la montaña de la vida con esfuerzo, sabiendo que Él está con nosotros”.
Monseñor Rueda invitó a los fieles a vivir el Jubileo como una verdadera peregrinación interior: “Que, como peregrinos de esperanza, subamos la montaña de Dios, nos renovemos en la fe y regresemos a nuestras casas con una nueva actitud, con alegría y confianza en el Señor, de la mano de la Virgen del Carmen, nuestra Madre y Señora del Lugar”.
La celebración concluyó con la oración por las familias, los jóvenes, los enfermos y quienes enfrentan momentos de desánimo, pidiendo la protección de la Virgen María y la gracia de Dios para todos.
