Desde la Catedral Metropolitana de la Sagrada Familia, Monseñor Ismael Rueda Sierra presidió la Santa Eucaristía del I Domingo de Adviento, marcando el inicio de un nuevo año litúrgico y del camino espiritual que la Iglesia propone en este tiempo de espera, preparación y esperanza.
El Arzobispo de Bucaramanga comenzó su homilía recordando que el Adviento no solo abre un nuevo calendario en la vida de la Iglesia, sino que sitúa al creyente como peregrino de esperanza, llamado a disponerse interiormente para celebrar el misterio de la Encarnación y, al mismo tiempo, prepararse para la segunda venida de Cristo.
Al reflexionar sobre la primera lectura, Monseñor Rueda Sierra destacó el gran anuncio del profeta Isaías: la humanidad, dispersa por el pecado, está invitada a la comunión. El monte del Señor se presenta como el lugar donde todos los pueblos convergerán para reencontrarse con la esperanza que Dios ofrece.
El Arzobispo subrayó una de las imágenes más potentes del texto bíblico: la transformación de las espadas en arados y de las lanzas en podaderas. Este símbolo de paz —que el Santo Padre León XIV ha retomado en sus recientes mensajes, según recordó el prelado— invita a la humanidad a dejar atrás la confrontación y construir una convivencia fundada en el diálogo y los puentes que acercan a quienes viven polarizados o enfrentados.
“Es necesario el diálogo, los puentes… para crear las condiciones en cada metro cuadrado de la humanidad para conseguir la paz”, afirmó.
Vivir el Jubileo: convertir la oscuridad en luz
En su meditación sobre la carta a los Romanos, el Arzobispo llamó a “comportarnos de acuerdo con el tiempo que vivimos”, subrayando que la Navidad es fiesta de luz. Así como las luces
navideñas iluminan hogares y ciudades, el cristiano está invitado a disipar las tinieblas del corazón mediante una profunda revisión de vida.
Recordó, además, que este Adviento se vive en el contexto del Jubileo, tiempo de salvación y reconciliación ofrecido por la Iglesia. Por ello, exhortó a reconocer con humildad las propias fallas, abandonar aquello que aparta del camino de Dios y acoger la misericordia divina para renovar la vida espiritual.
El Evangelio: estar preparados siempre
Al comentar el pasaje evangélico, Monseñor Rueda Sierra insistió en la invitación de Jesús a permanecer vigilantes. Con ejemplos claros —como el tiempo de Noé o la inesperada llegada de un ladrón— explicó que el cristiano no puede vivir distraído, sino con el corazón dispuesto y anclado en la voluntad de Dios.
La segunda venida del Señor, recordó, es un acontecimiento cierto para toda la humanidad y se anticipa personalmente en el momento de la muerte, cuando cada uno entra en la eternidad. Por eso, la preparación constante es un acto de amor, confianza y fidelidad.
“Estemos siempre delante del Señor, con humildad… con la intención de progresar y caminar hacia esa Jerusalén celestial”, expresó el Arzobispo.
Al concluir, Monseñor Rueda Sierra pidió a la comunidad vivir el Adviento con profundidad, abriendo el corazón para celebrar interior y exteriormente este tiempo de gracia. Encomendó este camino a la intercesión de la Virgen María, “Madre de la Esperanza” y guía segura en la peregrinación hacia Cristo.
