En el marco del Jubileo 2025, la Arquidiócesis de Bucaramanga celebró el Día del Catequista con una solemne Eucaristía presidida por Monseñor Ismael Rueda Sierra, Arzobispo metropolitano, desde el Seminario Mayor Arquidiocesano. El encuentro congregó a sacerdotes, diáconos, delegado de la pastoral catequética y cientos de catequistas que, de manera presencial y a través de los medios de comunicación arquidiocesanos, se unieron a esta jornada jubilar.
En su saludo inicial, Monseñor Rueda destacó con gratitud la labor de la Delegación de Catequesis y del Instituto Benedicto XVI, bajo la coordinación del Padre Libardo Villamarín, así como la presencia del clero y de las comunidades que acompañan permanentemente la misión de la Iglesia en Bucaramanga. “A todos, mi saludo cordial, fraterno y especial en este día”, expresó.
Una “nube de testigos” en la Iglesia
Inspirado en la Carta a los Hebreos, texto central de la liturgia, el Arzobispo resaltó que los catequistas son una verdadera “nube de testigos” que fortalecen la vida de la Iglesia. Recordó que en la Arquidiócesis cerca de mil hombres y mujeres ejercen este servicio, al que describió como “punta de lanza” del proceso evangelizador:
“Ustedes, queridos catequistas, han sido y siguen siendo la punta de lanza de la evangelización. Son quienes abren camino en el crecimiento y maduración de nuestra Iglesia, acompañando la iniciación cristiana y formando discípulos maduros y responsables”.
El camino del catequista: constancia y misión
Monseñor Rueda invitó a los catequistas a vivir con firmeza las actitudes que la Carta a los Hebreos señala: correr con constancia, renunciar a lo que estorba y mantener los ojos fijos en Cristo. Retomando las palabras del Papa Francisco, los animó a “salir deprisa” en clave misionera, al estilo de la Virgen María que fue presurosa a visitar a su prima Isabel.
Asimismo, exhortó a reconocer los obstáculos personales y comunitarios que impiden seguir con libertad al Señor: “En este jubileo el Señor nos invita a examinar qué nos estorba y qué debemos dejar atrás para tener la verdadera libertad de anunciar el Evangelio”.
El Arzobispo subrayó que el catequista está llamado a vivir como discípulo misionero, testigo del Señor resucitado en medio de un mundo marcado por dificultades, tentaciones y desafíos. “Estamos en el mundo, pero no somos del mundo. Reconozcamos que somos pecadores, pero nunca corruptos”, recordó citando al Papa Francisco.
Fijos los ojos en Jesús
El eje central de su homilía giró en torno a la invitación a mantener la mirada en Cristo, “el que inicia y completa nuestra fe”. Monseñor explicó que Jesús es el modelo y la inspiración para todo el camino de la iniciación cristiana, que acompaña a cada bautizado hasta su madurez espiritual:
“En toda la vida tenemos que contemplar siempre a Jesús, preguntarnos en cada situación: ¿qué hubiera hecho Él, qué hubiera dicho Él? Solo fijando los ojos en Cristo podremos encontrar el verdadero sentido de nuestra misión”.
El joven rico: una pedagogía para el catequista
Al reflexionar sobre el Evangelio del joven rico, el Arzobispo presentó la escena como una auténtica pedagogía de Jesús que los catequistas deben aplicar en su servicio. Señaló que el camino de la fe implica encuentro, escucha, discernimiento y anuncio.
“El joven se topó con Jesús, pero no se encontró con Él porque no fue capaz de desapegarse de lo que lo ataba. La verdadera experiencia cristiana ocurre cuando dejamos todo lo que impide seguir al Señor y lo hacemos con amor, dando la vida por los demás”, explicó.
Para Monseñor Rueda, el reto del catequista es propiciar ese encuentro personal con Cristo en quienes acompaña, de manera que la enseñanza no sea solo cumplimiento externo, sino experiencia viva del amor de Dios.
Testigos y peregrinos de esperanza
Hacia el final de su homilía, el Arzobispo recordó que ser catequista significa vivir un martirio cotidiano, entendido como testimonio fiel y constante. “El martirio es ser testigo; y nosotros estamos llamados a dar testimonio gota a gota, todos los días, siendo peregrinos de esperanza para la Iglesia y para la humanidad”, afirmó.
En sintonía con el lema del Jubileo 2025, Peregrinos de Esperanza, invitó a no cansarse ni perder el ánimo: “Quien camina con Dios no se cansa. El descanso verdadero se encuentra en Cristo, en su corazón manso y humilde”.
Una misión confiada a María
La celebración concluyó con la confianza puesta en la intercesión de la Virgen María, Madre y Maestra, modelo de fidelidad y entrega al plan de Dios. “Ella nos acompaña, nos guía y nos enseña a responder con fe: ‘Hágase en mí según tu palabra’”, concluyó Monseñor Rueda.
Con esta celebración jubilar, la Arquidiócesis de Bucaramanga reconoció la entrega silenciosa, generosa y perseverante de los catequistas, quienes con su testimonio siguen abriendo caminos de fe en la Iglesia y en la sociedad.
