“Permiso, perdón y gracias”: mensaje de esperanza en la clausura del Año Jubilar en la Arquidiócesis de Bucaramanga

En el marco de la solemnidad de la Sagrada Familia, la Arquidiócesis de Bucaramanga celebró con profunda gratitud la Eucaristía de Clausura del Año Jubilar de la Esperanza, presidida por Monseñor Ismael Rueda Sierra, arzobispo de Bucaramanga, en la Iglesia Catedral, madre de todas las iglesias arquidiocesanas y dedicada precisamente a la Sagrada Familia, patrona también de la ciudad.

Desde el inicio de su homilía, el arzobispo invitó a la comunidad arquidiocesana —sacerdotes, diáconos, religiosos y fieles laicos— a reconocerse como familia del pueblo de Dios, peregrina en esta Iglesia particular, llamada a recoger y agradecer los abundantes frutos espirituales vividos durante el Jubileo.

 

Tres palabras que sostienen la vida familiar y eclesial

Inspirado en una enseñanza del Papa Francisco, Monseñor Ismael recordó que en toda familia —y también en la gran familia de la Iglesia y de la humanidad— hay tres palabras que no pueden faltar: permiso, perdón y gracias. Estas actitudes, afirmó, han marcado profundamente el camino del Año Jubilar.

El permiso expresa el respeto de Dios por la libertad humana, al invitarnos a vivir un tiempo de gracia y salvación. El perdón constituye el corazón del Jubileo, como experiencia viva de la misericordia de Dios que reconcilia, sana y renueva. Y la gratitud brota espontáneamente ante el torrente de gracias recibidas, muchas de ellas visibles y otras que se irán reconociendo con el paso del tiempo.

“Gracias, Señor, por tu bondad, por tu misericordia y por tu amor”, fue la expresión que el arzobispo propuso como síntesis espiritual de este tiempo jubilar.

Peregrinos de esperanza en medio de la historia

Monseñor Ismael subrayó que el Jubileo no es un punto final, sino un capítulo más en la historia de la fe, que impulsa a seguir siendo peregrinos de esperanza en la vida personal, familiar, eclesial y social. En medio de alegrías y dificultades, el Señor continúa animando a su pueblo a caminar con confianza hacia adelante.

La Sagrada Familia, paradigma para nuestro tiempo

En esta celebración, la mirada se dirigió de manera especial a la Sagrada Familia de Nazaret, modelo siempre vigente para comprender el verdadero sentido de la vida familiar. En un contexto donde la concepción de familia enfrenta múltiples desafíos, el arzobispo invitó a volver a este paradigma sencillo y profundo: Jesús, María y José, viviendo en el amor, la obediencia, el trabajo, la pobreza y la confianza en Dios.

La huida a Egipto, recordó Monseñor, muestra a la Sagrada Familia como una familia perseguida y refugiada, cercana a tantas realidades humanas actuales. En Nazaret, Jesús creció “en estatura, sabiduría y gracia”, enseñándonos que Dios quiso entrar en nuestra historia naciendo y creciendo en una familia humana, para revelarnos desde dentro cómo se construye auténticamente la vida familiar.

Sanar las relaciones: un llamado urgente

Retomando las reflexiones del Sínodo sobre la sinodalidad, el arzobispo destacó la urgencia de sanar las relaciones, comenzando por las familiares: la paternidad y la maternidad vividas como vocación, las relaciones filiales marcadas por el respeto y la obediencia entendida como escucha del bien, y la fraternidad que se aprende en el hogar mediante el diálogo, el perdón y la reconciliación.

Todo ello encuentra su fundamento en la paternidad de Dios, fuente de toda relación auténtica y base para construir familias, comunidades y sociedades más humanas y solidarias.

Acción de gracias y compromiso

Al concluir, Monseñor Ismael Rueda Sierra invitó a la Arquidiócesis a agradecer al Señor por el camino recorrido durante el Jubileo y a renovar el compromiso de construir familias que sean verdaderas iglesias domésticas, parroquias vivas y comunidades que trabajen incansablemente por la paz, la fraternidad y la esperanza.

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