Jueves Santo: llamados al encuentro con Cristo, al servicio y al amor que transforma la vida

En la celebración de la Cena del Señor, este Jueves Santo de 2026, Monseñor Ismael Rueda Sierra, administrador apostólico de la Arquidiócesis de Bucaramanga, invitó a los fieles a vivir profundamente el corazón del cristiano: la Eucaristía, el sacerdocio y el mandamiento del amor, como pilares que orientan la vida de fe en medio de los desafíos actuales.

En su homilía, el prelado recordó que el camino cuaresmal conduce a este momento culminante, en el que la Iglesia es llamada a dar un paso adelante con esperanza, asumiendo los sentimientos de Cristo. “No se trata solo de recordar una tradición, sino de vivir una auténtica experiencia de encuentro con Jesús”, afirmó, subrayando que la fe cobra sentido cuando transforma la vida desde lo más profundo.

Monseñor Rueda destacó, en primer lugar, el don de la Eucaristía, instituida por el Señor como presencia real y permanente entre nosotros. Invitó a los fieles a redescubrir este misterio no solo como un rito, sino como el encuentro más grande con Cristo vivo, que se hace alimento, compañía y fortaleza en el camino. En este sentido, resaltó la importancia de la adoración eucarística y de la comunión vivida con fe, especialmente en un tiempo donde, incluso entre los jóvenes, se percibe un renovado anhelo de Dios y una búsqueda sincera de sentido.

Asimismo, subrayó cómo la Eucaristía se prolonga en la vida cotidiana, llegando también a los enfermos como viático y consuelo, signo de un Dios que no abandona a su pueblo en ningún momento.

En segundo lugar, el administrador apostólico reflexionó sobre el sacerdocio ministerial, íntimamente unido a la Eucaristía. Recordó que el llamado del Señor es un don gratuito, que no responde a méritos humanos, sino a su voluntad amorosa. Agradeció de manera especial a los sacerdotes y diáconos de la Arquidiócesis por su entrega generosa, reconociendo su servicio fiel a lo largo de los años, e invitándolos a perseverar en su misión con humildad, confianza en Dios y fidelidad al Evangelio.

También hizo un llamado a todo el Pueblo de Dios a sostener con la oración a sus pastores, para que puedan vivir con autenticidad su vocación y responder con amor a las exigencias del ministerio.

Finalmente, Monseñor Rueda profundizó en el mandamiento del amor, inseparable de la Eucaristía y del sacerdocio. Recordó que Jesús nos amó “hasta el extremo” y nos dejó como mandato amar “como Él nos ha amado”, un amor que no se queda en palabras, sino que se traduce en entrega, servicio y donación total.

En este contexto, destacó el gesto del lavatorio de los pies como signo concreto de humildad y servicio, invitando a los fieles a reproducir ese mismo gesto en la vida diaria, especialmente en las relaciones familiares y comunitarias. “Es tiempo de sanar nuestras relaciones, de apostar por el perdón, la reconciliación y el diálogo”, expresó, señalando que muchas heridas impiden vivir plenamente el amor cristiano.

El prelado concluyó su mensaje exhortando a toda la comunidad a dejar que la Eucaristía transforme la vida, de modo que lo que se celebra en el altar se haga realidad en el servicio a los demás. Encomendó este camino a la intercesión de la Virgen María, pidiendo que fortalezca la fe, el amor a Cristo y la disposición generosa para servir al pueblo de Dios.

De esta manera, la Iglesia arquidiocesana vivió una celebración que no solo conmemora un acontecimiento, sino que renueva el compromiso de ser testigos del amor de Cristo en el mundo.

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